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Descubriendo el Cosmos (II)


Finalmente me convertí en aficionado a la astronomía de manera activa y con no poca dedicación, y de alguna manera me vengo dedicando también a su divulgación. Pero a estas alturas no sé si estoy haciendo bien.

En toda esta historia resulta que existió un hecho crucial que tanto a mí como a tantísimos otros nos permitió crecer bajo un cielo estrellado: no había contaminación lumínica. Entonces las estrellas estaban siempre presentes cuando jugábamos en la calle al anochecer, formaban parte de nuestro entorno y resultaba inevitable no fijarse en ellas despertando nuestra curiosidad. Hoy lamentablemente no es así para la gran mayoría... pero de la contaminación lumínica y de sus efectos negativos en todos sus ámbitos hablaremos en la sección dedicada a ello, porque aquí el objetivo es otro.

En la parte (I) de este artículo comentaba algunos aspectos del proceso de auto-aprendizaje que muchos de nosotros compartimos paralelamente ajenos los unos de los otros y como experiencia individual y casi íntima. Decía también que no existían ni las utilidades informáticas ni la información que podemos encontrar actualmente a raudales en Internet. Por aquel entonces regían las Enciclopedias Universales y otras más o menos especializadas en alguna temática; en todo caso la información que podía obtenerse de ellas era lo que se espera de lo característico de un texto enciclopédico: máximo de información condensada muy sintéticamente con todo rigor y con carácter atemporal. Precisamente esas características condicionaban que -al menos en lo que a Astronomía se refiere- la información fuera casi la misma que la que ya había estudiado en los libros de “Naturaleza” de la E.G.B. (Enseñanza General Básica, que hoy en día es una mezcla de Primaria y ESO).


EGB_Puntos-Cardinales

Esto era esencial: conocer los cuatro puntos cardinales


Los jóvenes (y no tan jóvenes también) no entenderán muy bien qué problema había en ello, al fin y al cabo el Sistema Solar sigue siendo igual que cuando ninguno de nosotros había nacido y aquella información era y sigue siendo más o menos válida actualmente: el Sol sigue saliendo por el Este. Sí, pero estática y conservadora y no incitaba a la observación de unos fenómenos naturales tan al alcance de todos como son los astronómicos. La Astronomía quedaba así relegada sólo a los muy interesados que seguro deberían pasar por la Universidad si querían seguir profundizando.

Pero también existían libros especializados, como alguno de los siguientes:

  • “Astronomía” (1935), José Comas Solá
  • “Astronomía Popular” (1963), Camille Flammarion
  • “Astronomía” (1967), Fred Hoyle
  • “El Universo” (1973), Issac Asimov

Todos estos textos sí daban buena cuenta de prácticamente todo el saber de la Astronomía hasta el momento y estaban destinados al público general con un enfoque decididamente divulgativo (quizás no tanto). Pero no se hablaba de ellos en la escuela y sabían de su existencia precisamente los que no los necesitaban. Aún así podían producir el renuncio de casi cualquiera pues el libro de Flammarion, por ejemplo, es un tocho de 9 centímetros de grosor y un peso de ¡3,2 kilos! y os lo digo porque necesito de las dos manos para sacarlo de la estantería. Pero eso sí, en todos había textos, imágenes y dibujos que no se encontraban en ningún otro lugar. Aquello sí era Astronomía, aunque paradójicamente no tan popular como se pretendía, más bien podían llegar a producir el efecto contrario.

No, el público no estaba preparado en aquella época para enfrentarse a las ciencias, eso era para los científicos, aquellos que todos imaginábamos con bata blanca y cara de psicópata, ajenos y de espaldas al mundo sin que éste les importara lo más mínimo.


Alexander Fleming

Alexander Fleming


¡Cuánto tiempo están perdiendo los que hoy tienen tantísima información y recursos a su alcance! ¡y tan pocos recursos! Claro, que eso no sería así si quienes gestionan la educación no se dedicaran a dar cobijo sólo a los suyos con precios de matrículas universitarias que pesan más que el libro de Flammarion y que echan para atrás a más de un niño curioso con muchas ganas de saber.


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